Salzburgo
Aprovechando
nuestra estancia en Múnich decidimos acercarnos a Salzburgo ya que
distan 150 km frente a los 300 km que supone hacerlo desde Viena.
El
trayecto es fácil tanto por carretera como en tren. Al final nos
decidimos por el tren y pese a que hace numerosas paradas, el poder
disfrutar de los paisajes compensa lo tedioso del desplazamiento. Como
era sábado mucha gente viajaba en esta dirección, por lo que decidimos
que por un poco más de dinero era mejor sacar un billete de primera (lo
cual nos había salido muy bien yendo a Neuschwanstein), pues el
resto se llena al punto de ir gente sentada en el suelo y el ambiente se
torna ruidoso por la alegría festiva que muestran los grupos de
excursionistas lo que demuestra como también cambian las costumbres en
Alemania. Menos en los revisores, si te pillan con billete de segunda
sentado en primera muestran su mejor pose del alemán de antaño.
Las vistas desde el castillo son espectaculares, pero eso sí, hayas entrado o no en una de sus cafeterías, dirígete al funicular para subir al castillo a no ser que estés entrenando para subir al Everest. Como cuando bajes lo más seguro es que odies caminar, no dejes de montarte en uno de las calesas que puedes encontrar en la plaza.
Un
consejo, si haces la excursión desde Múnich y como posiblemente habrás estado
todo el día en Salzburgo, puedes comprar algo para merendar o cenar en el tren, en el supermercado de la estación,
está bastante mejor que los de Múnich y el regreso parecerá más corto, recuerda
que el tren es cómodo pero para por toda Alemania.
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